Educar en la Ideología

La nuevas generaciones del PP de Castellón quieren instaurar una nueva inquisición sobre los profesores y profesoras que adoctrinen a su alumnado. Esto ocurre especialmente “a raíz de la reforma educativa, los recortes y las huelgas…” que el Gobierno de su partido está llevando a  cabo.

Como en el nazismo, se promueve la delación anónima de los “traidores” en nombre de la colaboración ciudadana. El asunto es un ejemplo más del menosprecio que los  adoctrinadores oficiales sienten por las ideologías. Ocultan sus marcos valorativos, su cosmovisión particular, y la envuelven de posiciones tecnocráticas que justifican una objetividad más allá de toda ideología que se llama “verdad”. Su verdad. Los contenidos y los conocimientos siempre tienen una carga ideológica porque, como nos dirá Engels, “los hombres hacen su historia a base de condiciones anteriores”, y porque son los hombres quienes la hacen. El hecho de poder tomar decisiones y optar de una forma racional y con responsabilidad, tiene que ver con el sentido que tengan nuestras actuaciones. La escuela es, en parte, la encargada de dar sentido a nuestras decisiones, hacer que estas estén informadas y sean conscientes, y que seamos responsables de ellas. Ello significa hablar de situaciones de respeto, tolerancia e igualdad sobre colectivos que en otros momentos han estado perseguidos o no han tenido ningún derecho, como han sido los homosexuales y las mujeres.

De temas controvertidos y fundamentales para los intereses sociales de convivencia como son el aborto, la eutanasia, las técnicas de reproducción asistida, el matrimonio de homosexuales, la inmigración o las nuevas reformas educativas. Las religiones son las únicas ideologías privadas que no pueden estar en la escuela porque oprimen y reprimen, van en contra de una educación científica, crítica y cívica en un estado democrático. Basta con analizar los sucesivos pronunciamientos de la jerarquía católica española por cuestiones que confrontan al Estado, independientemente del derecho a una moral particular y a su libertad de expresión. Como dice Arendt, la escuela no puede preparar para un mundo futuro o un orden político  determinado, porque esa educación tendría un sentido tiránico, quitándoles a los niños y niñas su propio papel de diseñadores del mundo. Por eso es necesario expresar nuestras formas de pensar, valorar y sentir el mundo, y no hacerlas pasar por una verdad universal.

 

CARMEN RODRÍGUEZ MARTÍNEZ
Universidad de Málaga

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Publicado el 22 abril, 2013 en Comunicados. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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